Encuentro cercano con la Aduana en una ruta francesa

Roadtrip ruta francesa

Mientras más viajo, más anécdotas tengo. No siempre son de las buenas, como en este caso. Después de un tiempo pueden ser historias divertidas, aunque en el momento puede ser algo bastante traumático y aterrador. 

La historia es bastante simple pero llena de enseñanzas, como esos cuentos que nos contaban nuestros abuelos para darnos una lección (?).

En octubre de 2017 hicimos un roadtrip europeo que incluía varias ciudades entre España, Francia y Suiza. Fueron pocos días en total para todo el recorrido que hicimos, por eso tal vez pueda sonar extraño el itinerario del viaje.

En fin, íbamos de Tours a París, luego de pasar unas horas en el increíble Château de Chambord. En la ruta, casi a una hora y algo más de llegar a la capital francesa, llegamos a un peaje. Hasta ahí, todo normal, ya que en nuestro roadtrip ya habíamos pasado por varios peajes. El problema era que había muchos autos trabados que parecían no moverse, algo que no habíamos visto en otros lugares.

En un momento, vimos que había un auto detenido en el peaje y, como teníamos varios autos delante, decidimos cambiarnos de cabina de peaje para ver si podíamos pasar más rápido. Lo que pasaba era que ya se hacía muy tarde y queríamos llegar a nuestro hotel rápido y poder disfrutar de los dos días que teníamos en París.

Ruta a París
Ruta a París

Luego de cambiar de cabina de peaje, vemos que el auto de adelante nuestro también se detiene por un rato. A todos esto, seguíamos sin saber bien qué sucedía. Y cuando el auto delantero avanza, ahí vemos el motivo por el cual todo estaba frenado.

Lo primero que observamos fue un auto detenido con una pareja de personas gritando y lo que en un principio creímos que era la policía. A todo esto, nosotros con cara de póker sin entender nada, somos también detenidos por esa gente que creíamos que eran policías.

Nos detenemos y nos piden que bajemos las ventanillas. Un oficial se nos acerca y nos empieza a hablar en francés (bendigo que, tal vez, eso nos ayudó en ese momento). El hombre nos empezó a hacer preguntas extrañas como cuando uno entra al país. Por ejemplo, cuánta plata teníamos encima. Yo empecé entonces a pensar que eran de Migraciones, no sé por qué, así que le empecé a decir que teníamos tarjetas de crédito y algunos euros en efectivo. Pero el hombre no quería eso, estaba buscando algo más.

La torre Eiffel a lo lejos
La torre Eiffel a lo lejos

A esa altura, era claro que no se trataba de la policía, aunque no terminaba de entender bien qué pasaba. Tampoco había visto que los uniformes decía claramente Aduana. Los dos estábamos muy nerviosos por la situación y lo único que nos salía era reírnos. Sí, reírnos ansiosamente como dos tontos.

El oficial de Aduana seguía preguntando porque sospechaba de nosotros. En el momento no lográbamos todavía entender bien por qué, pero luego sumamos todo y ahí entendimos la situación. Al preguntarnos de dónde éramos, le dijimos que de Argentina y eso hizo que le saltara la alarma. Muy probablemente, el hombre no sabía dónde quedaba nuestro país, pero quizás le sonó Latinoamérica y el prejuicio le hizo llamar a otro agente para que lo asistiera. Tal vez creía que estaba frente a dos narcotraficantes.

Nos empezaron a preguntar nuestro itinerario: les explicamos que veníamos de Madrid, con varias paradas en el medio, en un Audi con patente española, yendo a París y luego a Suiza. Creo que al decir Suiza creyeron que llevábamos guita del lavado de dinero o algo así. Nos preguntaron qué llevábamos en las valijas (porque al no entrar en el baúl del auto, las teníamos en el asiento de atrás). Les dijimos que había ropa y algunos regalos. Seguían sin creernos.

En un momento, los tipos se impacientan y nos empiezan a preguntar si llevamos más de 10 mil euros o… ¡estupefacientes! Creo que nunca me habían enseñado esa palabra en mis clases de francés, pero la entendí enseguida. Le dijimos, medio riéndonos, que no, que no teníamos nada, que cómo íbamos a tener drogas. Todo riéndonos, medio hablando en español porque yo le explicaba a mi entonces novio que nos preguntaba si teníamos droga porque él no había entendido.

En Chambord
En Chambord

Creo que, después de varios minutos de preguntas extrañas y viendo que éramos dos tontos que sólo se reían, se dieron cuenta que no estábamos en nada turbio y nos dejaron ir. No sé si la pareja de al lado tuvo la misma suerte, ya que tenían las valijas desparramadas por todo el asfalto y que era revisada por oficiales de Aduana y perros olfateando todo.

Estuvimos un buen rato sin decir nada, manejando en silencio. Cuando pudimos caer y darnos cuenta de lo que había sucedido, nos volvimos a reír, pero todavía con bastantes nervios. No teníamos idea que la Aduana nos podía parar en la ruta así como si nada, haciendo preguntas sobre lo que llevábamos en la valija, si teníamos droga, etc.

Hoy en día es una anécdota graciosa, digamos, pero en el momento “sudamos la gota gorda”. No obstante, mientras uno no esté haciendo nada raro ni ilegal y responda con la verdad y con seguridad, no va a pasar nada grave.

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Acerca de Nair Felis Rodriguez

Vivo en Buenos Aires desde que nací. Escribo este blog porque me gusta relatar mis viajes; viajo porque me gusta conocer, aprender, descubrir. Soy Lic. en Comunicación, viajera y blogger.

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